Ya no hay canciones para los corazones destrozados

La primera vez que me rompieron el corazón fue en la secundaria, tenía doce años.

No recuerdo exactamente las razones, basta con contarles que ni siquiera tuvo la decencia de hacerme saber que de nuevo era un niño soltero, lo descubrí por mi propia cuenta a la hora del receso cuando la vi bajando las escaleras de los salones de segundo, tomada de la mano del nuevo prospecto. Sentí de pronto que un balde de agua fría congelaba mi sistema nervioso, lo peor fue cuando mi papá me recogió a la hora de la salida y en el carro se empezó a escuchar Intocable con la canción de Amor maldito (no le digan a nadie) y las lágrimas comenzaron a escurrir de manera automática.

Hace unos días, mientras viajaba en el metro, escuchaba a unos chavos como de unos 15 o 16 años (no saben lo viejo que me siento diciendo “chavos”) hablar sobre sus relaciones y lo terrible que la estaba pasando uno de ellos por culpa de Alicia. Parece ser que el joven había descubierto que un tal Donovan le estaba “tirando los perros” a la Alicia y ésta, en palabras de mis locutores: “sabiéndose que trae con qué”, pues le estaba dando entrada. La situación hasta ahí me pareció común, sin embargo, hubo algo que llamó mucho más mi atención, y es que el amigo del pobre joven lastimado comenzó a cantar: “Y si con otro pasas el rato…” a lo que éste sorprendido le pidió que por favor no mamara porque esa canción lo iba a hacer llorar. A mí se me nublaron los ojos y se me hizo un nudo en la garganta al pensar que estos adolescentes no tienen buenas canciones para llorar.

A lo mejor es la carencia del sentimiento en la música (eso y otras mil cosas) lo que ha hecho que las nuevas generaciones ya no tengan ganas de enamorarse o menosprecien el sentimiento. Entiendo que es una postura muy romántica de mi parte, pero a ustedes no los puedo engañar, detrás de este perfil griego y de esta actitud de macho alfa, existe un romántico empedernido al que la piel se le enchina apenas con los primeros acordes del Triste, y que en las fiestas con el mariachi canta a todo pulmón Acá entre nos y al que alguna vez le dedicaron Antología y suspiró al escucharla. Pero la culpa es nuestra por conformarnos con lo desechable, por inflar artistas plásticos para enseguida cambiarlos por otros iguales. Es que no puedo imaginarme a alguien con el corazón roto coreando entre gritos Felices los cuatro o la nueva de Nicky Jam y Shakira.

Supongo que en algún momento habría de pasar, que de pronto dentro de mis palabras la frase “en mis tiempos” se apropiaría de mis nostalgias y mis recuerdos, reflejando así que no comprendo la nueva onda, pero como diría Cerati “El tiempo es arena en mis manos. Sé por tus marcas cuánto has dejado para olvidar lo que hiciste, sentir algo que nunca sentiste”.

Por cierto, acá les dejo la de Amor maldito, para que se les retuerza tantito el corazón.

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