Uno soñaba que era rey: La novela que muestra nuestra cruel realidad

El 30 de abril de 2013 se estimaba que había aproximadamente 95 mil niñ@s en situación de calle. No dudo que la cifra aumente con el paso de los años.

Es difícil no imaginar lo que un niño de la calle vive a diario. Dejemos de lado, solo un poco, las circunstancias que de primera instancia ya damos por hechas: frío, hambre, higiene, educación. Me refiero más bien a la ausencia. La ausencia de ellos mismos para el mundo, el extravío de su propia identidad y la búsqueda continua de la misma, sin saber por dónde empezar. El Tunas, por ejemplo, que se encuentra justo en esa pesada transición de niño a joven, de infante a adolescente, sin saber siquiera las diferencias que existen entre cada etapa.

Uno soñaba que era rey es una novela de Enrique Serna, donde, tomando como punto de partida el viaje espeso y gelatinoso del Tunas, provocado por una estopa aderezada con solvente,  bien amarrada a las fosas nasales,  nos muestra un panorama generoso de nuestra ciudad. Se percibe la realidad en cada palabra. Es como si por ratos te convirtieras en el Tunas y sus necesidades, travesuras, frustraciones y ambiciones fueran las tuyas. Con una descripción (tallada a mano con pulso de doctor) de la ciudad de México que te amarra hasta el punto final de la novela. Confrontando las dualidades que refieren la vida diaria del citadino mexicano, Enrique Serna teje una historia donde involucra características que referencían a nuestra sociedad: rico vs pobre, niño vs adulto, con personajes tan humanos como el propio lector, llenos de errores, fracasos, aciertos y miles de decepciones. Una novela que, como ya he mencionado antes, muestra una confrontación explícita del niño que lo tiene todo (Marquitoz) y el niño que no tiene nada (El Tunas). Está escrito tan minuciosamente, que se lee tan fácil como se percibe: Dos historias que se entrelazan por caminos diferentes, pero revueltos.

            Una novela de niños para adultos. Una novela cruel, pues muestra de manera contundente nuestra realidad, la misma que a diario vemos sin detenernos a observar. Una novela que te hará reír por momentos, llorar en otros, frustrarte continuamente y encabronarte por la bofetada con sabor a verdad que Enrique Serna nos suelta en cada capítulo. 

Sí, al final nos queda ese sabor de boca amargo por la imagen un tanto desalentadora de nuestra realidad, pero nada que no sea más triste que encontrarnos con un pelo púbico, señal inicua de que nuestro niñ@ está muriendo.

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