Una reflexión a treinta años del estreno de La ley del deseo

En la actualidad, se conmemoran, por su grandilocuencia, eventos pasados de cualquier índole: social, cultural, deportivo y más. Algunos son considerados impulsores de movimientos que han marcado eras.

Mirando al pasado con nostalgia, a veces, intentamos transportar viejas historias al presente. Escuchamos música, vemos una película o leemos un libro con una sensación de insatisfacción, creyendo que lo pasado era mejor. ¿Acaso se ha derrumbado la creatividad? ¿Será que nos encontramos en una era de autocensura? Nos movemos en un entorno prejuicioso e intolerante. Cada paso que damos está sujeto al beneplácito.

En el caso del cine, nos hemos enfrentado a la reducción de trabajos que sobrepongan la expresión artística. La industria del entretenimiento, esos grandes emporios cuya cúspide se labró en un mundo apabullante y sombrío, se ha devorado a sí misma a sus más de 60 años de existencia, limitando la posibilidad de pequeños proyectos. La primacía es de la rentabilidad.

No es posible demeritar los trabajos de cine de autor. Nos han sorprendido con piezas únicas, han surgido nuevos prodigios y se ha reinventado el cine. Las distancias se acortan: hemos apreciado cine de localidades remotas a la mano de historias maravillosas.

Sin embargo, si rememoramos las películas que han marcado la misma historia del séptimo arte, no difieren demasiado de las actuales. Sin considerar el tiempo y espacio, en el sentido técnico, claro que han cambiado.

David Lynch dijo que el cine estaba muerto, sin entender completamente su afirmación, la idea que surge es que quién cambió fue el espectador. Todas las temáticas enfocadas de diversas formas exacerban la manifestación de crítica del público. En estos tiempos tan complejos se han generado grupos opositores para todo. Se ha limitado la libertad del cineasta.

https://www.youtube.com/watch?v=ljtzwnP8nzw

¿Qué nos deja La ley del deseo a treinta años de su estreno? Descúbrelo en la próxima entrega. No dejen de seguir las publicaciones de Ciudad Escondida.

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