UNA ESCRITORA EN LA CIUDAD

¿La ciudad ayuda a la escritura?

Para un escritor, salir a caminar a las calles de esta inigualable y hermosa Ciudad de México es como sumergirse en un mundo de inspiración o como salir de parranda con las musas. Todo lo “malo” que puede llegar a ser esta ciudad se contrarresta con sus miles de colores, olores, bemoles y escenarios que la convierten en un Olimpo metropolitano del arte.

No es que los escritores estemos pensando conscientemente todo el tiempo en cómo convertir todo lo que vemos y experimentamos día a día en historias, pero de todo aquello que nos empapa en nuestra vida diaria es de lo que empapamos nuestro arte, y esta ciudad es una fuente inagotable.

La vida de la ciudad es poco predecible, constantemente cambiante, alarmantemente bipolar y en ocasiones poco estable; la gente que la habita suele ser poco común, un tanto cuanto rara y lo suficientemente loca. Todos los ingredientes necesarios para crear personajes humanos e historias apasionantes.

Lo cierto es que los escritores que vivimos acechados por gente, ruido, conversaciones, luces, tráfico y música, estamos siempre rodeados de historias esperando ser contadas.

El ruido inspira aquello que debe o necesita ser resuelto en la trama, el tráfico el proceso que lleva a los personajes a trasladarse de un lugar a otro, las luces son aquellos reflejos que nos hacen sentirnos identificados con la historia, la música es el ritmo de la narración y la gente es aquello que mueve la historia, que crea, que inspira, que da vida, que hace sentir.

¿Qué si la ciudad ayuda a la escritura?

No sólo ayuda, la hace palpable, sensorial, real y mágica.

Maria Paredes
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