Muerta en vida

¿Te imaginas vivir sintiéndote muerto?

La maravilla de la medicina recae en la forma en que explica cómo funcionan nuestros cuerpos y consigue mantenernos saludables. Sin embargo, te platicaré uno de los casos médicos que no tienen explicación hasta nuestros días.

Azul era una chica alegre, dedicada a su trabajo y muy estudiosa. Al acercarse el final de su semestre, ella decidió salir con sus amigos a beber por la zona de Satélite. Entre fiesta y brindis, se percató que eran casi las 4 am. Al estar muy lejos de su casa, le dijo a sus amigos que era hora de irse, porque al día siguiente tenía que ir a trabajar.

Sus amigos no se negaron. Al igual que ella, varios también trabajaban, así que decidieron ver cuánto había consumido cada quien y cuánto dinero les tocaba si es que querían dividir la cuenta entre todos. Mientras los amigos se hacían bolas para saber la cantidad, Azul salió del bar para que le diera el aire fresco, pues ella ya sabía cuánto tenía que dar, tomando en cuenta la propina.

Cuando se subía a cualquier auto, a ella le gustaba ir del lado del copiloto para observar el trayecto y también para que el viento le diera en el rostro. Sin embargo, ocurrió lo inesperado. Camino a casa, en la avenida Ejército Nacional estaban esperando a que el semáforo se pusiera en verde, pero un Mustang se cruzó en su camino a 120 km/h. Afortunadamente, tanto ella como toda la tripulación del coche salió ilesa, al igual que el conductor que colisionó contra ellos.

Por seguridad todos fueron revisados en una clínica: tenían golpes, moretones y raspones que no requerían de mucho cuidado. Azul se sentía muy bien, aunque un poco diferente. Esto no la preocupó. Gracias al incidente, era obvio que no fue a trabajar porque llegó a casa a las 8 am; entonces, se dispuso a descansar.

Al despertar, creyó que tendría algún malestar en su cuerpo, alguna dolencia o alguna inflamación, pero no sucedió eso. Extrañamente se sentía muy bien. El problema llegó cuando entró a su baño para lavarse los dientes. Al momento de verse en el espejo, vio un rasguño acompañado de un moretón en su frente. Cuando lo tocó, no le provocó ningún dolor. No le tomó mayor importancia.

Al salir de bañarse, Azul se estaba arreglando y se percató que su pierna tenía un color entre verde y morado a la altura de la pantorrilla. Observó manchas en su piel con un olor muy extraño, fétido y nauseabundo, así que optó por quedarse en casa y descansar lo que le restaba de la tarde. Esto apenas iniciaba.

Cuando despertó, Azul se dio cuenta que su cuerpo olía aún peor. Se revisó la herida en la pierna y se exaltó al ver que su piel y músculos estaban en estado de putrefacción, con moscas y gusanos merodeando por la herida. Su mente se inundó de terror. Fue a baño a verse en el espejo. Sus ojos se tornaban un poco grisáceos, ese color opaco de las personas que ya no tienen espíritu o un corazón latiendo. Ella dedujo que estaba muerta, ya que no sentía dolor y carecía de sentimientos.

Sin que ella lo supiera, estaba empezando a padecer un síndrome que le da a menos del 0.5% de la población mundial. Si quieres saber cuál es el síndrome, no te pierda la segunda parte de este texto.

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