En mis tiempos se amaba diferente

“Aunque yo sigo este mundo
con sus modas y modismos
el amor es para mí,
siempre lo mismo”

– Roberto Carlos

Hoy en día uno ya no escribe cartas, ya no se dedican canciones, ya no se ve a los ojos. Hoy en día ya no se ama como antes.

Me acuerdo cuando mi abuelito me decía: “En mis tiempos las cosas eran diferentes”, y hacía una comparación relámpago de cómo, por ejemplo, en su época las personas eran más amables, las avenidas eran menos peligrosas, los hombres eran más caballerosos. Es inevitable. Las cosas cambian y nosotros por consecuencia, pero es triste que las personas ya no amemos como en los tiempos de mi abuelo, o, por lo menos, como fue en mis tiempos.

 

Mi época adolescente fue por los primeros años de este siglo, allá por los dos mil dos, más o menos; fue entonces donde la cosquilla del sentimiento se me presentó. Como cualquier niño de la edad no me detuve a averiguar qué es lo que sucedía, más bien me dejé llevar a experimentar. Esos nervios que hacían temblar mis piernas, los tartamudeos al intentar hablar con ella, la frustración de llamar a su casa y que contestara su mamá, tomar la mano en el cine y que el refresco se resbale por el sudor que provocaban los nervios del primer beso; así es como se hacía un verdadero macho alfa. Me causa nostalgia pensar en aquellos años, confieso que incluso una sonrisa nerviosa se me escapa mientras escribo esto, al mismo tiempo que suspiro al pensar que todos esos detalles  se han perdido. Un mensaje de whatsapp sustituye todos, o casi todos, los bonitos sentimientos.

 

¿Cómo no va a existir la friendzone si no se tienen los cojones para decir un “me gustas” de frente? Los “niños” de ahora ya no le dedican tiempo a la conquista, y cuando digo niños me refiero a esos jóvenes que mandan memes con la intención de hacerla sonreír, lo peor es que se conforman con un “jajaja” en lugar de la verdadera mueca que muestra los bellos dientes de la fémina en cuestión. En mis tiempos las indirectas no eran en los estados de Facebook, eran más bien notas de opción múltiple: “¿Quieres ser mi novia? SI o NO (tacha la respuesta)”.  Se tenía un poco de más respeto por el sentimiento. Hoy en día nadie se quiere enamorar, pero enamorar de veras, sin prejuicios ni calificaciones, sin condiciones ni ataduras, sin mandar ubicaciones ni revisar conversaciones. Antes se amaba con más confianza, a ojos cerrados, y era más sano.

 

Las comparaciones pueden ser muchas y también son inevitables. Cuando uno va creciendo, por razones obvias, anhela los tiempos cuando se fue feliz, aceptando el presente como una consecuencia del pasado; sin embargo, creo que hay cosas que no deberían ser diferentes. Mirar a los ojos mientras dices lo que sientes, jamás podrá compararse con un mensaje que intenta explicarlo.

 

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