Mi último día del niño

Recordar es volver a vivir dicen algunos y sí es cierto ¿quién no desea volver a sentir toda la alegría de jugar despreocupados?

Como todo en la vida, tiene un final y aunque no nos hayamos percatado de ello, debido a restarle importancia o las mismas circunstancias nos hicieron olvidar, por allá en los años 2000 más o menos, todos celebramos por ultima vez el día del niño.

Sin saberlo dejamos atrás una de las mejores etapas que experimentamos a lo largo de nuestra vida, los juegos sin fin, las obligaciones de lado, los regalos por montones en navidad y cumpleaños. La vida era simple y colorida. Ese último día, abandonamos la simpleza con que nos llenaba de felicidad un helado o un abrazo de nuestros seres queridos.

Sin embargo, no todo es malo a pesar de crecer y de ser preadolescentes de 11 años en ese momento, comenzamos a descubrir, a ver y a entender que el mundo es tan grande como misterioso.

Quizás algunos la hayan pasado mejor y otros no tanto, lo importante siempre es tener presente aquellos buenos días y lo que nos hicieron sentir. Las alegrías y enseñanzas, lo fácil que era olvidar lo malo y sonreír sin objeciones por cualquier cosa.

Larissa Moncayo
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