Los pedos no son el alma de un frijol

La joven lloraba desconsolada y miraba en dirección al cielo preguntándose “¿por qué a mí siempre me pasan estos pedos?”

Después de dicha escena no pude dejar de pensar en la idea de que todos, en algún momento de nuestras vidas, sufrimos un complot del destino en el que parece que una nube cargada de problemas nos persigue dejando caer su furia y rigor contra nosotros, a veces hasta cuando más felices creemos estar, y es entonces cuando nos preguntamos: ¿por qué me pasan estas cosas a mí?

Aquella chica parecía sufrir de verdad, su cara era pálida y con problemas podía mantenerse de pie. Una de sus amigas le agarraba la mano y le pedía que aguantara lo más posible, “Ya, wey, no grites tanto que todo mundo nos está viendo”. Y sí, todas las chicas en la fila del baño la volteaban a ver, algunas incrédulas, otras burlándose y otras más con cierto gesto como de asco. ¿Por qué siempre hay fila para el baño de mujeres?

 Camino sobre la calle de Hamburgo en dirección hacia la glorieta de insurgentes, voy de regreso al trabajo después de visitar el restaurante japonés donde comí con mi hermano y mi padre. De pronto un retortijón me hizo recordar la escena de la mujer de la otra tarde que se retorcía del dolor y la angustia, así que regresé porque ya estoy harto de comer tantas veces al mes en el mismo lugar: Casi tres veces por semana. Mientras estaba frente a mi computadora no pude sacarme de la cabeza el hecho de que tal vez no regrese jamás a dicho lugar y mi egoísmo no me permitió darles la oportunidad a los meseros de despedirse de mí, por lo que decidí ir a contarles que el Yakisoba que sirven está muy condimentado y el kastsu dombury trae más huevo que cerdo. Llegué directo con la cajera, a quien ya conocemos de tiempo atrás, y comencé mi plática con ella. Los meseros se acercaban atentos a nuestra conversación culinaria lo que llamó la atención de la encargada. Había alguien que le traducía lo que estaba sucediendo. Le pedí al joven traductor que por favor no omitiera mis groserías. Creo que siempre tenemos que decir lo que pensamos, sobre todo si se trata de comida, amigos; esa es la razón por la cual nos pedorreamos. Los pedos son pensamientos que nunca decimos y buscan una salida antes de reventar nuestras entrañas. Uno no se puede guardar las cosas porque se le pudren por dentro. 

La verdad es que no lo aceptaron con inteligencia, pensaron que me burlaba de ellos. La encargada del lugar me dijo no sé qué cosas en japonés; es muy probable que me haya mandado a la chingada, lo cual no me molesta, creo que le salvé el intestino de un pedote.

Domo arigato, mister robato.

 

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