Las cosas más antiguas de la ciudad

Anteriormente te platiqué sobre lo primero que se hizo en nuestra ciudad, hoy te hablaré más al respecto. Nuestra bella CDMX tiene muchas cosas que contar.

Muchos creerán que la primera iglesia fue la catedral, la que se encuentra ubicada en el primer cuadro de la ciudad. No fue así. La primera iglesia fue la Parroquia de la Purificación de María la Candelaria de Tacubaya, fundada el 2 de febrero de 1556. La orden Dominica llegó a México en 1526, pero fue 30 años después que fundaron su convento en Tacubaya, un lugar austero como es el estilo de los frailes. Aunque el retablo del Sagrado Corazón es una preciosidad y a pesar de estar en medio del bullicio de la avenida Revolución y a dos cuadras de Viaducto, se respira una paz increíble.

El primer parque en la ciudad de México es La Alameda Central; por su antigüedad (1592), se clasifica como el más antiguo jardín público de México y de América. Está delimitada, al norte, por Avenida Hidalgo; al este, por la calle de Ángela Peralta, donde se encuentra el Palacio de Bellas Artes; al sur, por la Avenida Juárez; y al oeste, por la calle Doctor Mora.

Desde hace 400 años esta alameda es parte del paisaje urbano de la Ciudad de México. La fundación tuvo en un principio orígenes humildes, cuando el trazado de la ciudad que albergaría estaba recientemente definido, pero el virrey Luis de Velasco comprendió la importancia de dar a los pobladores de la capital de la Nueva España un lugar que al mismo tiempo fuera para la recreación de los vecinos, sirviera de punto de encuentro de una sociedad que gustaba cada vez más lucir y fuera reconocida en sus diferencias.

Corría el año 1895, a pesar de que en realidad no se sabe exactamente la fecha, se sabe que durante una noche fue traído desde Toulón, Francia el primer vehículo, construido a mano, que transitó por las calles de la ciudad de los palacios. Su orgulloso dueño, don Fernando de Teresa, rompió el viento a una velocidad que parecería risible en nuestros días: 16 km/h. Esa noche, al menos como cuenta la anécdota, el parque vehicular, no sólo de la Ciudad de México, sino de todo el país era de 1 auto.

Sin saberlo, Fernando de Teresa estaba rompiendo el límite de velocidad que sería impuesto en el primer Reglamento de Tránsito unos años después: de 10 km/h en calles estrechas y hasta 40 km/h en las demás. Ese reglamento fue impuesto por el entonces presidente Porfirio Díaz, quien años antes había tomado protesta como presidente por cuarta ocasión.

¿Qué más secretos e historias tiene nuestra ciudad para contarnos?

 

 

Esto te puede interesar

Deja un comentario