La locura silenciosa

La comunicación verbal se ha convertido en la principal forma de interacción, aunque no significa su superioridad. En esta ocasión, nos encontramos inmersos en una atmosfera llena de sonidos tenues, casi imperceptibles, y en otros momentos, estridentes, fuertes, resonantes y molestos. Acostumbrados al sentido del oído, reconocemos voces, tonadas o las clásicas onomatopeyas. Pero te has imaginado tu atmosfera carente de sonoridad. Todo ha quedado en total silencio.

Ahora, las expresiones lingüísticas se transforman en expresiones corpóreas como el lenguaje de señas, cuya manifestación no sólo depende de las manos, sino de todo el cuerpo, dotándolo de sentido en el espacio. Mantén muy abiertos los ojos, es lo que necesitas para apreciar una gran innovación escénica. Estamos hablando de La tribu (Plemya), a cargo del director Miroslav Slaboshpitsky.

La tribu

Es una producción ucraniana estrenada en 2014 durante La Semana de la Crítica en el Festival Internaciones de Cine de Cannes. La ópera prima de Miroslav ha obtenido varios reconocimientos: el Gran Premio del Jurado de la Semana de la Crítica en Cannes; Mejor Ópera Prima en el Festival de Cine de Londres; Premio a la Mejor Producción en el festival Internacional de Cine de Tesalónica, y Mejor Director en Fantastic Fest Austin, en 2014.

El filme de Slaboshpitsky posee carácter innovador por ser el primer largometraje con solo diálogos en el lenguaje de señas, sin ningún subtítulo. Sorprende, ¿no? La narrativa es seguida por medio de la fría fotografía, el movimiento físico y los planos frontales y secuenciales.

La diferencia entre La tribu y una película muda es la naturalidad. De momento, parecieran escucharse los diálogos; sin embargo, la falta de ellos es notoria. Si realmente quieres comprender lo que sucede, observar es tu principal tarea. Se recomienda mirar las expresiones faciales, los movimientos de la boca, el cuerpo. Logran transmitir a la perfección cada una de las emociones y entender el poco conocimiento de nuestro entorno. Ya no estamos limitados a lo que escuchamos.

Serguéi (Grigoriy Fesenko) llega al centro de Ucrania para ingresar a un internado de sordomudos. Inmediatamente nos presentan una escuela tosca, con alumnos desafiantes, duros y hostiles. Serguéi debe demostrar qué clase de hombre es. El complejo sistema criminal del internado se encuentra jerarquizado. Sin dudar, demuestra su plena capacidad para formar parte del grupo principal de la Tribu. Hasta llega a ser respetado. Todo marcha a la perfección. Es asignado para llevar a la terminal de tráileres a dos mujeres, cuyo trabajo es complacer los más lascivos deseos de los camioneros.

Serguéi termina enamorado de Anna (Yana Novikova), y ella comienza a sentir simpatía por él. Su comportamiento se vuelve torpe, como el de un niño caprichudo fuera de sí. No soporta la idea de Anna con otro hombre. Sus irreverentes acciones lo llevan a ser bajado de rango. Pierde la razón, se desencadena su ira, quiere terminar con todo. Además, ya todo está perdido.

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La tribu, llena de paisajes fríos extremadamente desoladores, dan forma a una verdadera atmósfera: logra representar los problemas socioculturales a los que se deben de enfrentar la juventud ucraniana. Definitivamente, está postulada para ser una de las favoritas de su repertorio.

Por último, un dato interesante, la mayoría del elenco no son actores profesionales. Esto es todo por ahora. Hasta la próxima.

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