Star Wars debe terminar

Si alguna vez pensaste que estas películas relatan nuestra realidad de forma fantástica (sin perder la generalidad), entonces es casi seguro que estuviste la fría noche que conectó al miércoles y el jueves de esta semana a las puertas del cine esperando (después de dos años) por el regreso de Leia y Luke Skywalker, R2 D2 y del inigualable Chewbacca. De no ser así, quizá la has visto (o esperas verla) en estos días.

Por: Mauricio Monroy

A pesar de no ser tan taquillera como The Force Awakens (lo mismo le pasó a The Empire Strikes Back y Attack of the Clones, las segundas películas de cada trilogía anterior), The Laste Jedi ha cumplido el propósito de la corporación: más de 200 millones de dólares en el fin de semana de estreno.

Pero, ¿el ingreso en taquillas es directamente proporcional a la calidad de la película? Basta una ligera revisión a la historia del cine de Hollywood para negarlo rotundamente. Ni siquiera los gastos de la inversión en la película lo son. Para ejemplo, el mismísimo Episodio IV: bajos costos de producción y un incremento casi exponencial en la venta de boletos en taquillas, o el Episodio I: gran venta en taquillas (a pesar de ser el más bajo en cuanto a inicios de trilogías se refiere) y pésima calidad en la película (excepción hecha del señor John Williams, el compositor estadounidense no ha fallado en ninguna entrega).

Veamos ahora los aspectos más criticables en The Last Jedi.

En esta última entrega, Luke y los Jedi son convertidos en leyenda, lo mismo que los Sith. En lugar de una dualidad que se nos ha presentado de forma natural, aquí se opta por mostrar una mezquina postura “neutral” o “equilibrada”: un esbozo de lo que puede ser la aparición de los Jedi grises (una blasfemia a la saga, si me lo preguntan), incluso puede llegar a ser una postura excesivamente personalista, como lo vemos con el personaje del “decodificador”. La mejor forma de ejemplificar que no se obtiene algo de este tipo de posturas es recordar qué es lo que sucede cuando la materia se encuentra con la anti-materia: ambas se destruyen, existe entonces la nada.

No pudieron corregir la repetición del Episodio IV en The Force Awakens (añadiendo efectos especiales nada merecedores de la saga) y ahora tenemos un Episodio VIII plagado de similitudes con los capítulos V y VI. ¿Por qué, Disney?

Una característica que duele ver mucho en los episodios VII y VIII es la mala (casi pésima) calidad de los personajes: Finn aún no se ha ganado un lugar en el universo de Star Wars, el general Hux muestra la mentalidad de un niño en búsqueda de reconocimiento por parte de Snoke y de sus tropas, Poe Dameron parece ser la mezcla entre un buen piloto Skywalker y un pésimo Han Solo, la capitana Phasma es ridiculizada una vez más, BB8 es el primo chistoso que no queremos ver pero nos es impuesto y Kylo Ren… ¿De verdad tengo que decirlo?

Por último sólo queda mencionar el abominable, insufrible y repugnante humor al estilo Disney dentro de las dos últimas películas (excluida Rogue One, donde mantuvieron una armonía conceptual con la trilogía original, excepción hecha de Diego Luna). ¿Cuál es el punto de forzar a un humor infantil (carente totalmente de imaginación) a coexistir con una saga cuyos seguidores más fervientes rondan los 30 años? Nuevamente… ¡¿Por qué, Disney?!

Sin duda, lo que muchos no podemos perdonar a Disney es la extinción del universo expandido, pues ha significado un parteaguas para los seguidores más viejos de Star Wars. Temáticamente es mucho más atractivo que lo hasta ahora mostrado en los episodios VII y VIII, se muestran facetas duras de enfrentar como ver a Luke en el lado oscuro, Mara Jade (esposa de Luke, sí, el canalla se casaba en el universo expandido) asesinada, Leia usando la Fuerza provechosamente y no sólo para parecer Mary Poppins, la muerte de Chewie, el regreso y la destrucción definitiva de Sidious por parte de Luke, etc.

Es por esto, queridos lectores, que en opinión de este fan from hell de una de las sagas cinematográficas de mayor impacto en la historia que Star Wars debe terminar. Duele ver cómo somos “libremente” espectadores de la nueva trilogía y cómo es exprimida una historia que nos ha enseñado una visión amplia de lo que es el mundo occidental y que nos ha mantenido con esperanza ante las desventuras que inevitablemente atravesaremos.

Es evidente que Pixar, Marvel, Fox y Lucas Film han dejado de existir. Disney ha metido sus redondas orejas en proyectos que no tiene la costumbre de manejar y está deformando todo a su paso. ¿Cuál es la justificación del CEO de Disney? Hacerse de empresas que plantean ganancias a largo plazo, pues la franquicia del finado Walt Disney estaría en estos momentos en una caída en picada de no haberlo hecho. Astuta jugada económico-empresarial, acompañada de la nefasta decisión de imponer el sello Disney a sus nuevas posesiones.

Por el buen recuerdo de actuales y futuros afectados: ¡Paren esta masacre!

 

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