Un ser despreciable al que todos aman

Imagina al individuo más despreciable, un depósito de todo lo indeseable o, al menos, de todo aquello considerado incorrecto en la interacción social cotidiana: corrupto, racista, misógino, homófono, lascivo, drogadicto y manipulador. Una verdadera escoria.

El nombre de este individuo es Bruce Robertson (James McAvoy), personaje principal de Filth en la película dirigida por Jon S. Baird, inspirada en la novela homónima de Irving Welsh. El detective Robertson de Edimburgo retrata al sujeto promedio de la clase trabajadora en Escocia.

Bruce se encuentra a un paso de conseguir un puesto como supervisor en la fuerza policíaca; su único obstáculo son sus capaces, pero manipulables compañeros. Es aquí donde Baird nos presenta un esquema de personalidades bastante peculiar. Cada personaje brilla por su mórbida figura, que resulta molesta o hasta indeseable para otros.

El esclarecimiento de un crimen de odio hacia un estudiante japonés es la clara obtención del ansiado ascenso para Robertson, mientras que para su preciosa familia significa el retorno a la felicidad en su hogar, en propias palabras de Carole (Shauna Macdonald), su esposa.

Bruce utilizará cualquier método para conseguir su objetivo: si destruir a sus compañeros es lo necesario, lo hará. Lo inesperado será su propia destrucción.

La trama inicial en Filth nos lleva a irreverentes momentos, llenos de manipulación y juegos desastrosos. El detective es un desgraciado, sin embargo, terminamos amándolo. Asimismo, la película se encuentra llena de escenas sexuales, pues un tipo tan brutal como Bruce debe de tener su dotación de putas y una que otra amante; da igual si es la esposa de Bladesey (Eddie Marsan), su mejor amigo.

Inesperadamente, más desarrollado el filme, nos enteramos de la trama principal: la autodestrucción de nuestro preciado detective, propiciada por el abandono de su mujer y su hija. La cocaína no será su mejor aliada, mucho menos las alucinaciones; lo real y lo imaginario no tendrán división. El espectador no dará cuenta de lo presenciado.

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Filth es una película transgresora de mal gusto que se convierte en maravillosa. Totalmente recomendable. Pese a las malas críticas respecto al manejo de la trama inicial, me parece increíble como la propia historia se muestra capa por capa hasta desencadenar un gran desenlace. Al mismo tiempo, la conclusión en la historia del antihéroe coloca más énfasis en su originalidad.

No debes perderte Filth, una historia sucia de navidad. Esto es todo por ahora. Hasta la próxima.

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