¿Desde cuándo existe la llorona?

Desde que somos pequeños, siempre escuchamos mitos y leyendas de nuestro país que aún se comentan entre nosotros, gracias a la divulgación oral. ¿Te has puesto a pensar desde cuándo existen esas leyendas?

Sin duda, hay cosas en nuestro país que son un misterio o muy aterradoras, por mencionar un ejemplo, podemos decir que la película de Vacaciones de terror con Pedrito Fernández es una de esas ella, pero bueno, ese es otro tema. Hoy te hablaré sobre la famosa Llorona. Pareciera que es una de esas leyendas nuevas y que no tienen muchos años de antigüedad, pero imagínate que esa historia se la contaron a tu abuela y a la abuela de tu abuela; eso significa que la leyenda no es muy vieja… ¿O sí?

Antes de la llegada de los españoles a América, Moctezuma recibió una serie de avisos o premoniciones, que le indicaban que la cosa se pondría fea. A esta serie de acontecimientos se le llamó “Presagios Funestos”. En total fueron 8, el sexto presagio funesto relata lo siguiente.

Muchas veces se oía a una mujer que lloraba; iba gritando por las noches; andaba dando grandes gritos: ¡¿A dónde irán? ¿A dónde los podré llevar para que escapen a tan funesto destino? ¡Hijos míos! ¡Están a punto de perderse!

En el libro La visión de los vencidos, se menciona que, 10 años antes de la llegada de los españoles, la diosa Cihuacoatl había previsto la desgracia que caería sobre mexicas. Por estas fechas empezó a hacer sus apariciones en el antiguo lago de Texcoco.

Los sacerdotes diestros en la astrología determinaban los próximos sucesos que habrían de acontecerle a los mexicanos, desde la muerte, esclavitud, miseria, guerra, etcétera. Sin embargo, Moctezuma, siendo un gobernante muy supersticioso, temía lo peor. Dichos sacerdotes decían que la deidad lloraba y gritaba de manera angustiosa por lo que le pasaría a su raza. Además, decían que la diosa había salido de las aguas y bajado de la montaña para prevenirle al pueblo la suerte que tendrían.

En lo alto del templo, al ver hacía el oriente, se encontraban con una figura blanca, con el cabello peinado de tal modo que parecía llevar en su frente dos cornezuelos, arrastrando o flotando una cauda de tela tan suave y ligera que se ondulaba con el viento. Con su tono airado, expresaba su famoso llanto y su peculiar grito. Suena familiar, ¿no?

 

 

 

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