Del cerro del Tepeyac, a las libretas de Distroller.

Ya se siente aquí el momento más esperado del año. Un evento glorioso y maravilloso, impregnado por un ritual que hemos construido y modificando con los años y que nos llena de felicidad; así es, ya está a la vuelta de la esquina el maratón “Guadalupe-Reyes”, la época del ponche, las posadas, la cena navideña, la fiesta de fin de año y la gloriosa rosca.

El maratón “Guadalupe-Reyes” tiene comienzo en el día de nuestra santa patrona del Tepeyac, el 12 de diciembre. Cuenta la leyenda que, mucho antes de ser el exitoso logo de la marca “Distroller”, un día se apareció en una manta llena de flores, la Virgen de Guadalupe, allá por el año 1531 —alguna extraña coincidencia con el periodo de conquista, e inicio de la época colonial en México—. Y ahora una tradición el recorrer largos caminos a la capital, sólo para encomendarse a la virgencita… ¿mestiza?, ¿Qué no era de Jerusalén?

Y es que tal parece que los rumores son realidad, pues lo que más une al mexicano es la fiesta (aparte de la tragedia y la selección mexicana de fútbol, que aunque pareciera, no son la misma cosa), más allá de la religión, pues son muy pocas las veces que puedes escuchar reclamos hacia quienes ocupan nuestras calles y principales avenidas, sólo para obtener un poquito de esperanza o salvar sus penas.

Lo que no logro comprender es cómo la ciudad se detiene por un momento, para ser compartida por todos. Para ser sincero, me es difícil la idea de que la gente se detenga simplemente a esperar milagros y exista una tolerancia bien marcada; nadie grita: “piches huevones, pónganse a trabajar”, “no estorben” o frases similares que suelen ser comunes en algunas manifestaciones, donde la fe es distinta y donde no basta con rezar.

Por otro lado, es realmente confuso cómo hay cantidades de comida exorbitantes durante el 12 de diciembre, así como excelentísimos samaritanos en la época de dar, y el resto del año podemos convivir en la ciudad del espectáculo con el traga fuegos, los payasos, músicos-vagoneros, vendedores de chicles; gente que pasa desapercibida la mayoría de las veces, sólo por no ser el estereotipo de ciudadano, y obvio, porque no son fechas para compartir.

Espero reflexionemos un poquito con las prioridades y el cuándo ayudar y cuándo quejarse sobre el caos de ésta ciudad. Les dejamos un clásico, para empezar el maratón Guadalupe-Reyes (o el favorito: Reyes-Guadalupe), con una gran sonrisa:

Esto te puede interesar

Deja un comentario