VIVIENDO EN CHINGA

Mientras la vida se me escapaba sentado frente al volante, en el radio se hablaba sobre la generación nueva, esa que se le conoce como millenial.

La misma que prefiere los celulares en lugar del sexo (eso dicen los según expertos. Me cuesta trabajo creerlo), los mismos que le toman foto a su comida y video a las hojas que caen de los árboles con un “así yo en el amor, la vida, la escuela, en todo…” de descripción. Y pues sí, así, como las hojas de los árboles en otoño, se nos va la vida. Lo peor del caso es que al parecer no nos estamos dando cuenta de ello. Es que se nos han dado las cosas a veces de manera tan orgánica que dejamos de apreciarlas y valorarlas. Nos ha tocado vivir en los años de las generaciones con prisa, con cambios de pensamientos y acciones tan bruscos que llegan a resultar incoherentes y absurdos; tiempos de ideas fugaces y efímeras. La generación que le quiere ganar al tiempo.

Vivir con prisa es no vivir, es como subirte a una montaña rusa y cerrar los ojos en el trayecto para que al final sólo te quede la sensación de lo que fue. Ayer por ejemplo, escuchaba a uno de mis sobrinos pensar que programa iba a ver después de que terminara el que estaba viendo, y tuve la sensación que esa parte esencial en el cerebro que nos permite disfrutar las cosas, se ha perdido entre tanto meme y red social. En los centros comerciales ya nos están atascando con ofertas y publicidad para el día de las madres y no duden que en un mes más ya estén vendiendo banderas u objetos alusivos al quince de septiembre, quizás mañana nos vendan el pan de muerto con el muñequito de las roscas adentro, y todo para que después de eso empecemos a pensar en el día del amor y la amistad. La impaciencia porque las cosas pasen, porque las fechas lleguen, por llegar a tiempo a algún lugar, son los motivos que nos cierran los ojos ante las cosas importantes y nos impiden disfrutar la vida. Tenemos tanta prisa por vivir que se nos olvida que lo estamos haciendo y que al único lugar donde llegaremos a tiempo y seguro será la morgue, que la única fecha que sin duda se va a cumplir, es cuando dejemos de existir en este mundo, pero no me hagan mucho caso, esto último se lo escuché decir a una tal La Mars y pues qué pinche sistema tan pendejo y retrógrada.

Quisiera cerrar este texto con una estrofa del ya difunto Divo de Juárez, y dice: “Abrázame que el tiempo pasa y ese no se detiene, abrázame que el tiempo en contra viene… Abrázame que el tiempo es malo y muy cruel amigo…” Y eso es lo que deberíamos hacer todos, abrazarnos y hacer una tipo orgía de sentimientos, donde todos contra todos nos recordemos lo efímeros y pasajeros que somos, que nunca es tarde pero tampoco es tan pronto. Que nos demos el tiempo para disfrutar de las cosas sencillas y las no tanto; con calma que vamos lejos, dicen.

 Ahí ustedes saquen sus conclusiones o terminen de cantar, lo que les sea más sencillo. Pero tranquilos, que no hay prisa.

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